Cierran la Fundación para la Cultura Urbana   3 comments

Nos toca ponernos serios. A ver, permítanme empezar explicando que no suelo emitir juicios de valor así de buenas a primeras, cuando se trata de temas de muchas aristas, como éste que nos ocupa. Soy de los que prefieren esperar, ver y dar, como diría un árbitro de fútbol, la ley de la ventaja antes de sonar el silbato. Y usualmente lo hago porque tras un día o dos de espera las cosas suelen adquirir colores distintos, y porque así se ahorra uno el papelón de actuar con visceralidad, pulsión a la que muchos estamos constantemente compelidos.

Es por eso que, cuando anunciaron la intervención de Econoinvest Casa de Bolsa, C. A., no pegué el grito en el cielo, como muchos compañeros y amigos, sino que esperé a ver. No firmé la carta de apoyo a Herman Sifontes y sus socios, ni puse en mi twitter el mismo mensaje de furia antichavista diez veces, sino que esperé a ver, porque uno no debe meter las manos en el fuego por nadie, sino por la madre de uno o por gente que uno conozca como la palma de la mano. Las lealtades, ese combustible fósil de la rabia, son mucho más endebles de lo que se piensa, tal y como lo han demostrado nuestros políticos, que saltan y saltan la talanquera como los mejores atletas olímpicos, pasando de ser próceres chavistas a héroes de la oposición. Además, considerando lo corruptos que somos los venezolanos, no creo muy descabellado el instante de duda. ¿Cómo estar tan seguros de que Econoinvest no tenía nada que ocultar y que no había nada incriminador en sus armarios? No digo que lo haya, claro, pero ¿cómo estar tan seguros?

Tal vez el problema esté en nuestra desconfianza por las instituciones de todo tipo, y que con el chavismo ha alcanzado sus niveles más elevados en la historia. ¿Quién le cree a los auditores de Econoinvest? ¿Quién le cree a los jueces del Tribunal Supremo? Nadie y nadie. Pero curiosamente sí le creemos a Econoinvest. ¿Por qué? ¿Porque son opositores? ¿Porque nos han tendido una mano en infinidad de proyectos culturales, porque han apoyado iniciativas democratizadoras y progresistas y porque han invertido dinero en la cultura venezolana sin pensarlo dos veces? Son buenas razones para tenerles estima, pero no para convertirnos de pronto en sus defensores a ultranza, creo yo. Es un punto de vista, claro. El mío, que trabajé con ellos y que, a pesar de lo dicho, lamento profundamente el giro que han tomados los eventos.

Ahora bien, hay algo que no logro comprender, y que sí luce no sólo como un desatino y un atropello, sino además como una tragedia para quienes nos desenvolvemos en el mundo del libro y de la escritura: el cierre de la Fundación para la Cultura Urbana. Ya al intervenir Econoinvest Casa de Bolsa se había asestado un duro golpe a la Fundación, al disminuir rotundamente sus ingresos capitales, pues ésta es un ente tutelado por el Grupo de Empresas homónimo (integrado también por Seguros Carabobo); pero ahora se le allana e interviene directamente, con el pretexto de formar parte del Grupo de Empresas, y se detiene la marcha de una institución que desde el inicio de sus labores en 2001 se supo integrar al panorama cultural y literario del país, convirtiéndose rápidamente en una alternativa para canalizar muchísimas propuestas que no hallaban espacio. Series de discos, libros de difícil publicación, fotografías de época, e incluso conocimientos y discursos de interés, eran curados y gestionados por la Fundación, cuyas deficiencias –que no eran pocas, como sabemos los que la conocemos por dentro– nunca superaron el aporte hecho al flujo cultural nacional. Un conjunto innumerable de proyectos de toda índole se detienen ahora, sabe Dios por cuánto tiempo, cerrando así otro espacio invaluable en nuestra ya pobre oferta cultural.

Los hacedores, los creadores, quienes, para bien o para mal, hallaron en la FCU una posible plataforma de difusión, de apoyo y de patrocinio, deberán ahora enfilar sus rumbos a otros mecenas, quizás menos amables y menos desprendidos. Quienes pretendemos dedicarnos a la literatura, por ejemplo, echaremos muchísimo de menos el Premio Anual Transgenérico, una iniciativa bastamente criticada por su ambigua propuesta de libre competencia entre géneros textuales, pero que a fin de cuentas era un receptáculo y una plataforma de impulso (incluso económico: pagaba 10.000,00 Bs. al ganador, más que muchos otros premios nacionales) para no sólo autores de literatura, sino ensayos de variada índole y un canal en el que convergían aquellos títulos que quizá, por su naturaleza específica o compleja, resulta siempre cuesta arriba ofrecer a una editorial. La Fundación para la Cultura Urbana era, funcionase bien o mal o con dinero de quien fuera, una iniciativa que agradecíamos los lectores (aunque no corrigieran sus libros en absoluto y el papel fuera horrible) tanto como los creadores. Ahora que cierra sus puertas y no sabemos si para siempre, la incertidumbre y el pesimismo a los que cada vez nos acostumbramos más nos hacen preguntarnos qué carajos se gana cerrando uno de los pocos, poquísimos espacios para la edición y la producción cultural de los que dispone nuestro país. ¿Justifica acaso la lucha contra la corrupción y contra el capitalismo salvaje el cierre de una Fundación que –estemos claros– no arrojaba ninguna ganancia, no perseguía proselitismos políticos y había construido un amplio catálogo de productos culturales? ¿Qué ganamos nosotros, los que queremos escribir, los que compramos libros, con el cierre de la Fundación para la Cultura Urbana? ¿Qué sentimiento de justicia nos dejará el saber que quizás no haya más libros de la serie fotográfica Cenital, o Conferencias Anuales con especialistas en urbanismo, o Cátedras de Imágenes Urbanas?

Porque una cosa es pretender decir que la FCU era un jolgorio de virtudes y una institución pilar de nuestra cultura, cosa que obviamente no era, y otra muy distinta es desconocer que, duélale a quien le duela, el trabajo que llevaba a cabo la Fundación, no lo hacía nadie más en Caracas, cuidado si no en el país. El espacio que deja huérfano la Fundación no nos sirve de nada, ni sirve de nada al pueblo, ni a nadie. Agotar nuestros pocos espacios de generación de objetos culturales al mismo tiempo que se planifica una Gran Explosión Cultural Bicentenaria es no solo una cruel ironía, sino una estupidez mayúscula, que apunta hacia una nauseabunda monopolización del rótulo “cultura” por parte del Estado. Y así como el arte y la cultura no pueden aliarse a intereses económicos, dada su naturaleza libérrima y crítica, su espíritu inasible e incontrolable (al menos sin convertirlos en panfleto político o en publicidad comercial, que a fines de lo cultural vienen siendo prácticamente lo mismo), tampoco pueden hacerlo a un partido político o a una parcialidad gobiernera. La fulana libertad y diversidad que defienden iniciativas como El Perro y la Rana, una editorial que muchos radicales cerrarían gustosos, críticos como son de su afán por publicar mucho y muy barato (y algunas veces con criterios de selección que resultan cuando menos sospechosos), son traicionadas por este afán estatista que cercena voces alternas en el ya diminuto universo cultural venezolano.

Como verán, esta protesta no es muy distinta de las que seguro ya habrán leído por ahí en otros blogs. Todos parecemos estar bastante indignados con esta medida de cierre. Todos, excepto por una persona, cuyo silencio desde el extranjero me intriga y me decepciona, y me hace preguntarme, retomando mi hábito –no lo suficientemente ejercitado– de darme unos segundos para dudar, si habrá algo que no sabemos y que motiva ese exilio voluntario y ese silencio hasta el momento:

¿Dónde estás, Rafael Arráiz Lucca, presidente de la Fundación para la Cultura Urbana?

Posted 22 julio, 2010 by Gabriel Payares in Vainas serias

3 responses to Cierran la Fundación para la Cultura Urbana

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  1. Por cierto, olvidé decirlo, pero hay una página en donde se está gestando un movimiento de apoyo a la Fundación. Visítenla, lean el comunicado, y si están de acuerdo, firmen:
    http://solidaridadfcu.blogspot.com/

    Ya somos más de ochocientas firmas.

  2. Pingback: Global Voices in English » Venezuela: Foundation for Urban Culture Closed Down

  3. Pingback: Venezuela: Foundation for Urban Culture Closed Down :: Elites TV

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