- ¿Pero cuál es el alma de la raza? -pregunta Leiziaga-. ¿Es quizás la nostalgia, la gran tristeza del pueblo que se ignora a sí mismo o son almas superpuestas, vigilantes para que ninguna cobre imperio sobre la otra? República, burocracia, todo les deja indiferentes. El negro y el indio toman la guitarra en sus manos del mismo modo que el rifle, cantan con una tristeza pueril y viven sin conocerse o se matan entre sí. Bailes y canciones, luz, palmeras, he ahí todo el sentimiento, el alma de la raza.
Enrique Bernardo Núñez – Cubagua (Monte Ávila, 2012, p. 80).


